Dentro de tu trayectoria profesional como gestor de equipos, seguramente habrá momentos en los que cambies de empresa o de organización para mejorar tu situación profesional, el salario, las condiciones, etc. Son pasos naturales dentro de la carrera de cualquier profesional.
Es una tentación bastante usual que, a la hora de formar un nuevo equipo en la empresa a la que llegas, pienses en personas que han estado trabajando contigo en la anterior organización y que son valiosos para ti. Es lógico pensar que si en tu anterior empresa funcionaron bien contigo, puede ser una buena idea hacerles una oferta e incorporarlos a tu nuevo equipo.
Aunque el mercado de trabajo es libre, y si el trabajador y la empresa están de acuerdo poco se puede decir, hay que tener en cuenta una serie de consideraciones antes de hacer este tipo de movimientos:
- Por un lado hay que entender que si tu marcha ya ha provocado un impacto serio en la organización que dejaste, quitarles más recursos valiosos en el corto plazo no les va a ayudar precisamente a reorganizarse
- Por otro lado, hay que estudiar la relación profesional y personal que mantienes con tus antiguos compañeros de trabajo, ya que acciones agresivas ofertando a ex-compañeros para formar un nuevo equipo se pueden convertir en malentendidos y futuros problemas
- Por último, no hay que olvidar que la relación entre tu nueva empresa y la antigua se puede resentir por este tipo de movimientos, que cuando menos deberían estar coordinados con tus nuevos responsables para que fuesen conscientes de las decisiones que estás tomando
En resumen, hay que aplicar el sentido común en estos casos y medir las consecuencias de las acciones que tomamos si decidimos llevarnos uno o más recursos de una antigua empresa.
Piensa: ¿ofertarías a tus ex-compañeros de trabajo para crear un nuevo equipo aun sabiendo que causas un problema a tu antigua empresa?
(imagen de cesar_sanchez1)

